Date: Tue, 19 May 1998 09:19:08 -0500
From: "p.n.m."  
Subject: Col.: Comunicado de Justicia y Paz sobre allanamiento de que 
fue victima

COMUNICADO A LA OPINION PUBLICA,
DE LA COMISION INTERCONGREGACIONAL DE JUSTICIA Y PAZ, SOBRE LOS 
HECHOS OCURRIDOS EL 13 DE MAYO DE 1998

La Comisi—n Intercongregacional de Justicia y Paz, consciente de que 
muchos sectores de la opini—n pœblica esperan su propia versi—n y an‡lisis 
de los hechos ocurridos el pasado miŽrcoles 13 de mayo, cuando su sede fue 
allanada por miembros del EjŽrcito y de la Fiscal’a, quiere manifestar a ese 
respecto lo siguiente:

1. Ante todo agradecemos las manifestaciones de solidaridad y de firme 
repudio a este atropello, por parte de las m‡s altas jerarqu’as de nuestra 
Iglesia Cat—lica, por parte de representaciones diplom‡ticas acreditadas 
ante el Gobierno de Colombia y por parte de numeros’simas entidades y 
personas, tanto de Colombia como de muchos pa’ses del mundo. 

2. Suscribimos en su totalidad el comunicado emitido por Monse–or Alberto 
Giraldo Jaramillo, Arzobispo de Medell’n y Presidente de la Conferencia 
Episcopal de Colombia, quien luego de recibir y evaluar la informaci—n 
pertinente, denunci— con valent’a y firmeza las violaciones a la 
Constituci—n y a las leyes vigentes que all’ se produjeron; demand— al 
Gobierno y a la Fiscal’a las explicaciones m‡s fundamentales y se–al— las 
responsabilidades de las consecuencias que de estos hechos se pueden 
seguir. Igualmente nos identificamos con el comunicado emitido por la Junta 
Directiva Nacional de la Conferencia de Religiosos de Colombia, a la cual 
pertenecemos y con cuyos criterios y principios trabajamos. 

3. Luego de reunirnos para reconstruir los hechos, paso por paso, y para 
tratar de leer sus significados a travŽs de las actuaciones, 
comportamientos y expresiones de quienes practicaron el allanamiento, as’ 
como a travŽs de algunos antecedentes y de elementos del contexto nacional 
e internacional, hemos ido esclareciendo varios elementos que la opini—n 
pœblica debe conocer: A) ÀC—mo se desarrollaron los hechos?

En el allanamiento, iniciado de hecho a la 1:00 P.M. aunque judicialmente a 
la 1:25 P.M. del miŽrcoles 13 de mayo, participaron la Fiscal Consuelo 
Monta–ez o "Diamante 48", perteneciente a la "Unidad de Terrorismo" de la 
Fiscal’a Regional de Bogot‡, unos 20 miembros de las fuerzas militares 
pertenecientes a la "Agrupaci—n de Fuerzas Especiales" (que reune a 
oficiales de las diversas armas, fundada con ocasi—n de los hechos del 
Palacio de Justicia en 1985) y miembros del Cuerpo TŽcnico de 
Investigaciones de la Fiscal’a General de la Naci—n. Otros miembros de las 
fuerzas militares, cuyo nœmero no fue posible establecer, controlaron los 
alrededores de la casa.

Los militares se presentaron sin ninguna identificaci—n visible, portando 
cada uno varias armas, de corto y de largo alcance, Žstas dotadas de miras 
con rayos infrarrojos, con abundante munici—n, con chalecos antibalas y con 
modernos aparatos de comunicaci—n incorporados a su vestimenta, a travŽs 
de los cuales se estuvieron comunican-do con mandos militares de alta 
graduaci—n. Fue evidente la presencia de varios militares en trajes civiles 
que tuvieron papel directivo en el allanamiento. 

No hubo presencia de miembros del Ministerio Pœblico. Cuando lleg— un 
delegado de la Procuradur’a, enviado por el Se–or Procurador General de la 
Naci—n a petici—n de organizaciones no gubernamentales, ya eran las 3.30 
P.M. y la diligencia se hab’a dado por terminada. Antes se le hab’a negado la 
entrada al delegado de la Defensor’a del Pueblo, quien se hab’a identificado 
plenamente, as’ como a la delegada de la Oficina del Alto Comisionado de 
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en violaci—n al Acuerdo 
suscrito entre la ONU y el Gobierno colombiano el 29 de noviembre de 1996 
(art. 7, lit. c y g). TambiŽn se le neg— la entrada al delegado de la 
Conferencia Episcopal de Colombia, quien deb’a estar presente por tratarse 
de una entidad de la Iglesia Cat—lica. 

Dada la arquitectura de la casa-sede de nuestra Comisi—n, el operativo tom— 
caracter’sticas diferentes en las diversas ‡reas del inmueble: los militares 
tomaron posesi—n y control de todas las instalaciones, pero concentraron 
sus principales efectivos en el ‡rea destinada al Proyecto NUNCA MAS, que 
guarda la memoria de los Cr’menes de Lesa Humanidad. En dicha ‡rea, que 
solo fue visitada de paso por la Fiscal, los militares agredieron a las tres 
personas que all’ se encontraban, quienes trabajan en la documentaci—n y 
digitaci—n de casos; las obligaron a ponerse de rodillas mientras apuntaban 
sus armas contra ellas, les sustrajeron sus documentos de identidad, las 
sometieron a exhaustivos interrogatorios, las trataron en todo el tiempo de 
"guerri-lleros" y las filmaron minuciosamente. Sin control alguno de la 
Fiscal, los militares revisaron y leyeron documentos, abrieron 
computadores y filmaron sus contenidos, sin que tales filmaciones fueran 
entregadas a la Fiscal, aœn m‡s, Žsta neg—, al final de la diligencia, saber lo 
que hab’a ocurrido en esa ‡rea y afirm— que no asumir’a ninguna responsabi-
lidad sobre las actuaciones de los militares.

Todos los comentarios hechos por los miembros de las fuerzas militares 
durante la diligencia evidenciaron que su interŽs primordial era llevarse los 
archivos magnŽticos que conten’an informaci—n relativa a masacres, 
ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y torturas. Sus expresiones 
revelaban que sab’an muy bien cu‡l era la informaci—n que all’ se guardaba y 
mostraban deseos desbordados de apoderarse de ella. Incluso manifestaron 
conocer de antemano a las personas que trabajaban en dicha ‡rea, con sus 
nombres y residencias, y sus actitudes, movimientos y expresiones, 
mostraban que conoc’an tambiŽn de antemano los —rdenes de informaci—n 
que guardaba cada computador.

Las filmaciones hechas por los militares se concentraron en documentos de 
denuncia, algunos escritos en papel, otros llamados a las pantallas de los 
computadores, como tambiŽn en los c—digos y thesauros mediante los cuales 
se sistematizan los datos, y en la estructura arquitect—nica de la casa, con 
el fin, segœn ellos mismos lo manifestaron, de "hacer una maqueta de la 
misma". 

Entre tanto, en otras ‡reas de la casa la Fiscal y algunos miembros del 
Cuerpo TŽcnico de Investigaciones de la Fiscal’a revisaban lentamente, y sin 
mostrar mucho interŽs en lo que hac’an, otros archivos f’sicos y 
magnŽticos. En tres ocasiones, agentes del CTI manifestaron a miembros de 
Justicia y Paz que estaban en la sede, que el operativo era propiamente de 
los militares y que su presencia all’ como miembros de la Fiscal’a ten’a 
como objetivo el evitar que los militares cometieran excesos. La impresi—n 
generalizada que qued— en quienes estaban en la sede, fue la de que los 
miembros de la Fiscal’a cumpl’an formalidades inocuas en algunas ‡reas de 
la casa, mientras hac’an tiempo para que los militares cumplieran sus 
objetivos primordiales en el ‡rea del Proyecto NUNCA MAS.


B) ÀQuŽ motiv— el allanamiento?

Tras el an‡lisis y evaluaci—n de todo lo ocurrido, nos preguntamos quŽ 
motiv— el allanamiento; cu‡l era el real objetivo del mismo, pues al 
confrontar las explicaciones dadas por la Fiscal, por los miembros del CTI y 
por los propios militares, encontramos contradicciones evidentes: 

1. La Fiscal, al llegar, se–al— que el allanamiento obedec’a a informes de 
inteligencia militar, segœn los cuales, en dicho inmueble "hab’a un arsenal, 
explosivos y propaganda del ELN".

2. Luego, al dar inicio formal a la diligencia, la Fiscal ley— en reiteradas 
ocasiones al personal que se encontraba en el primer piso del inmueble, el 
INFORME DE INTELIGENCIA, en el cual se afirmaba que "se estaba buscando a 
dos personas que frecuentaban la casa desde agosto de 1997" y se hac’a 
tambiŽn referencia a "la constante visita de estudiantes de la Universidad 
Distrital que pertenecen al grupo 'Poina' que es un grupo urbano del ELN 
creado para desestabilizar al Gobierno e interrumpir las elecciones 
presidenciales".

3. Al dar lectura a la RESOLUCION de allanamiento, la Fiscal afirmaba que el 
allanamiento se hab’a fundado en un informe de inteligencia de la XIII 
Brigada, segœn el cual, "en la casa localizada en la calle 36 No. 15-39, de 
fachada crema, hay unos computadores con documentaci—n secreta 
perteneciente al ELN y donde se cree que tambiŽn hay volantes y material 
subversivo de distribuci—n", motivo Žste relacionado con la presencia, desde 
el inicio del allanamiento, de tŽcnicos del CTI expertos en sistemas, y con 
la posterior petici—n telef—nica de la Fiscal, de que le fuera enviada una 
comisi—n de apoyo, pues "hab’a muchos computadores en el inmueble". 

4. Las versiones transmitidas por miembros del CTI, en diversos momentos 
y a distintas personas que estaban en la sede durante el allanamiento, 
converg’an en que su presencia all’ obedec’a a acompa–ar el operativo 
militar y a procurar evitar desmanes o atropellos por parte de los miembros 
de las fuerzas militares. Estas versiones son coherentes con el desempe–o 
descuidado y superficial de sus acciones durante toda la diligencia y con una 
expresi—n expl’cita de la Fiscal, quien manifest—: "tengo un apoyo en el cual 
no puedo confiar".

5. De igual forma, en diversos momentos y ante distintas personas que se 
encontraban en el inmueble, tanto los militares uniformados como los que 
llevaban trajes civiles, se–alaron que el prop—sito del operativo militar era 
apoderarse de archivos con informaci—n sobre masacres, asesinatos, 
desapariciones y torturas, archivos "que eran financiados por el ELN". En sus 
palabras textuales: "vinimos por esta informaci—n y no nos podemos ir sin 
ella".

6. Finalmente, segœn el bolet’n de prensa de la Quinta Divisi—n del EjŽrcito 
Nacional, fechado el 14 de mayo de 1998, "tropas de la DŽcimotercera 
Brigada realizaron operativos de control militar (retenes, patrullajes, 
allanamientos y presencia) con motivo del asesinato del Se–or General 
Fernando Landaz‡bal Reyes ... en desarrollo de los cuales se adelant— el 
allanamiento y registro al inmueble localizado en la calle 36 No. 15-39". 

A partir de estos elementos tan contradictorios, Àcu‡l es nuestra 
interpretaci—n?

* Siendo tan claro que el allanamiento respond’a a un interŽs del EjŽrcito 
Nacional y particularmente de su XIII Brigada, la cual est‡ hoy d’a 
comandada por el General Rito Alejo Del R’o, no podemos dejar de tener en 
cuenta las dif’ciles relaciones que nuestra Comisi—n de Justicia y Paz tuvo 
con dicho General cuando ejerc’a la comandancia de la XVII Brigada con sede 
en Carepa, Urab‡, a ra’z de las reiteradas denuncias que tuvimos que hacer 
sobre las graves violaciones a los derechos humanos por parte de las 
unidades a su cargo y sobre sus evidentes relaciones de apoyo y patrocinio 
con el paramilitarismo de la regi—n.

* Tampoco podemos dejar de tener en cuenta que ha habido otros 
documentos confidenciales de inteligencia militar, hoy ampliamente 
conocidos, donde se rese–a a la Comisi—n de Justicia y Paz en tŽrminos 
como los siguientes: 

	"Dirigida por el sacerdote Javier Giraldo Moreno, es activa part’cipe 
en la guerra jur’dica, ocup‡ndose de impulsar los casos que contra oficiales 
de las fuerzas militares se presentan en la Fiscal’a y en la Procuradur’a. 
Cuenta con una red internacional de ONGs similares. Recientemente uni— su 
banco de datos al del Cinep. Es especialmente activa en la promoci—n de la 
guerra jur’dica, especialmente en zonas de influencia del ELN". (Documento 
"La Diplomacia de la Subversi—n", del Centro de An‡lisis Sociopol’ticos. 
Conferencia dictada por Miguel Posada, octubre de 1996, actualizada en 
julio de 1997).

Igualmente el documento "Organizaciones No Gubernamentales y Derechos 
Humanos", elaborado por los oficiales retirados del EjŽrcito: General Manuel 
Jaime Guerrero Paz, Mayor General Juan Salcedo Lora, Brigadier General 
Adolfo Clavijo, y por los ingenieros Miguel Posada y Carlos Sierra, publicado 
en noviembre de 1997, hace reiteradas referencias a nuestra Comisi—n 
Intercongregacional de Justicia y Paz, as’ como a otras organizaciones no 
gubernamentales de derechos humanos, calific‡ndolas como agentes de la 
subversi—n "mediante el ataque sistem‡tico al Estado de Derecho y a la vez 
mediante el apoyo directo o indirecto a la guerra pol’tica y militar que se 
desarrolla".

Llama particularmente la atenci—n, en esos documentos, la reiterada 
calificaci—n de toda actividad de defensa de los derechos humanos como 
"guerra jur’dica" o "guerra pol’tica", con lo cual se termina por desconocer 
el car‡cter civil de dichas actividades y organizaciones, para presentarlas 
como "actores de guerra" u "objetivos militares". 

Es evidente, por lo tanto, a nuestro entender, que el allanamiento respond’a 
a un interŽs expl’cito del EjŽrcito Nacional, y particularmente de la XIII 
Brigada, de apoderarse de los archivos que guardan la memoria de los 
Cr’menes de Lesa Humanidad, calificando dichos archivos como "material 
subversivo"; de criminalizar la denuncia de las violaciones a los derechos 
humanos por parte de la fuerza pœblica; de estigmatizar la actividad 
leg’tima, legal y humanitaria de nuestra Comisi—n de Justicia y Paz en 
defensa de las v’ctimas y, en general, de satanizar la solidaridad con las 
v’ctimas de tanto crimen, calificando la bœsqueda de la verdad, la bœsqueda 
de la justicia, la solidaridad con las v’ctimas y la salvaguarda de su 
memoria, como "acci—nes de guerra" y como "actividades subversivas". 

Nos preguntamos: Àpor quŽ tanto temor de los militares a la memoria de las 
v’ctimas?

No han escapado a nuestra reflexi—n dos recientes acontecimientos: por una 
parte, el asesinato, en Guatemala, de Monse–or Juan Gerardi Conedera, 
obispo responsable del proyecto Recuperaci—n de la Memoria Hist—rica 
-REMHI-, justo al d’a siguiente de ser entregados a la opini—n pœblica los 
cuatro volœmenes que guardan la memoria de los cr’menes de lesa 
humanidad perpetrados en ese pa’s; y por otra parte, el asalto a la sede de 
las familias de los desaparecidos de Argentina, con el prop—sito de 
desaparecer los archivos que dan cuenta de los hechos y de los responsables 
de m‡s de 30.000 cr’menes. 


C) En contrav’a de la Ley

Los elementos anteriores nos llevan a evaluar en quŽ medida fueron 
respetadas la Constituci—n y las leyes.

* Como ya lo consign— el Presidente de la Conferencia Episcopal en su 
comunicado, los tratos inhumanos y degradantes a que fueron sometidos los 
operarios que se encontraban en el ‡rea del Proyecto NUNCA MAS, 
constituyen afrentas a la dignidad humana y violaciones al art’culo 12 de la 
Constituci—n Nacional, as’ como de mœltiples tratados internacionales de 
Derechos Humanos suscritos y ratificados por Colombia. 

* La actuaci—n de las fuerzas militares durante el allanamiento, al hacer 
interrogatorios, revisar documentos, abrir computadores, filmar sus 
contenidos, elaborar maquetas f’lmicas de la sede, grabar las im‡genes de 
quienes fueron interrogados y de las personas que se hicieron presentes 
frente a la sede, fue abiertamente violatoria de los art’culos 113 y 116 de 
la Constituci—n, donde se establece la separaci—n de poderes y se proh’be a 
las autoridades administrativas adelantar la instrucci—n de sumarios. Es 
violatoria igualmente del art’culo 310 del C—digo de Procedimiento Penal 
que se–ala cu‡les son los servidores pœblicos que pueden ejercer funciones 
de polic’a judicial.

* Estos procedimientos que se sitœan fuera y en contra de la ley, fueron m‡s 
graves aœn al actuar las fuerzas militares sin la identificaci—n que de 
acuerdo a la Ley deben portar, lo que los convierte en agentes an—nimos que 
gozan de condiciones objetivas para ocultar o eludir su responsabilidad. 

* Aœn m‡s grave e ilegal fue su proceder al realizar sus il’citos con 
prescindencia del control de la Fiscal, quien se present— como responsable 
de la diligencia de allanamiento y explic— que hab’a solicitado la presencia 
de los militares "como apoyo", ante la eventualidad de que all’ se ocultaran 
miembros de grupos armados, pero quien al final de la diligencia se declar— 
"no responsable" de lo que hubiesen hecho los militares. 

* Todo esto nos plantea graves interrogantes sobre el papel jugado por la 
Fiscal’a. La lectura integral de todos los comportamientos y expresiones 
expl’citas de quienes participaron en el allanamiento, nos evidenci— que la 
Fiscal’a cumpl’a conscientemente un papel "de fachada" o de "Caballo de 
Troya", tendiente a cubrir con apariencias de acci—n judicial un operativo 
militar que ten’a objetivos inconfesables, toda vez que carec’an de toda 
juridicidad y eran violatorios de mœltiples derechos y normas. 

No solo es claro en nuestro ordenamiento constitucional que las fuerzas 
militares no pueden intervenir en la rama judicial -si se exceptœa la 
Justicia Penal Militar, prevista taxativamente para juzgar a militares por 
delitos cometidos en el desempe–o de su oficio- sino que cualquier filosof’a 
jur’dica se basa en el principio de la imparcialidad, y nada m‡s ajeno a la 
imparcialidad que el accionar de agentes o instituciones relacionados 
estructuralmente con la lucha armada o el manejo de armas. 

* Pero si ya es extremadamente grave que la Fiscal’a sea manipulada de esa 
manera o que se preste para servir de fachada o para cubrir acciones a todas 
luces contrarias a la ley, es m‡s grave aœn que admita como procedimiento 
legal el sustentar acciones como allanamientos o detenciones en "informes 
de inteligencia" que no son sometidos a la m‡s elemental de las 
verificaciones, como ser’a la de enterarse al menos de quŽ entidad funciona 
en el sitio denunciado.

La Fiscal afirm— repetidas veces que "ignoraba" que all’ funcionara una 
organizaci—n no gubernamental de derechos humanos o una entidad de la 
Iglesia, mientras militares y agentes del CTI preguntaban, al entrar, a 
varios de los moradores de la sede, "si la casa era de los jesu’tas", y 
mientras le’an en la puerta y en todas las paredes el nombre de Justicia y 
Paz. M‡s extra–o aœn es que al final del operativo la misma Fiscal afirme 
que "suspendi— la diligencia al descubrir que se trataba de una ONG", cuando 
quienes la recibieron identificaron con nombre, objetivos y actividades a la 
entidad cuya sede se dispon’a a allanar. 

No es la primera vez que nuestra Comisi—n censura los "informes de 
inteligencia" como fundamento de actuaciones judiciales. En nuestro 
acompa–amiento a centenares de v’ctimas de violaciones a sus derechos 
fundamentales, hemos sido testigos de c—mo los "informes de inteligencia" 
son una fuente inagotable de arbitrariedades e injusticias. La explicaci—n es 
que estructuralmente se prestan para ello: agentes formados para combatir 
y que concentran en su esp’ritu el odio y la emotividad del combatiente, 
elaboran acusaciones contra sus supuestos enemigos ideol—gicos o contra 
quienes denuncian sus conductas il’citas, de quienes fabrican "contendores 
bŽlicos", sin necesidad de hacerse responsables de sus acusaciones, puesto 
que Žstas, o no son piezas procesales, o lo son pero con el amparo del 
anonimato. Si acusaciones as’ elaboradas no son sometidas a serios 
procesos de verificaci—n antes de causar da–os irreparables a las personas o 
entidades se–aladas, es evidente que tal procedimiento no tiene sustento 
alguno de legitimidad y es absolutamente repudiable como mecanismo 
judicial. 

Queremos solicitar a la Fiscal’a que reflexione sobre la utilizaci—n de 
procedimientos tan absurdos con miras a eliminarlos de sus pr‡cticas, al 
mismo tiempo que le exigimos que al autor de tan fantasioso "informe de 
inteligencia" se le haga responsable del da–o que caus— y se le exija 
repararlo. * Tanto la Fiscal’a como el Comandante en Jefe de las Fuerzas 
Militares, esto es, el Presidente de la Repœblica, son responsables en 
adelante de consecuencias muy graves que estos hechos pueden tener, y m‡s 
probablemente en el horrendo contexto que vivimos: si bien los militares 
recibieron orden, a œltima hora, de no sacar nada de la casa, ya hab’an 
violado los computadores y archivos y hab’an filmado archivos, personas y 
lugares, elementos que no pusieron en manos de la Fiscal’a y sobre los 
cuales la Fiscal afirm— que no asumir’a ninguna responsabilidad, pero que 
aunque con posterioridad sean entregados a la Fiscal’a ya habr‡n sido 
copiados y la Fiscal’a misma jam‡s podr‡ tener control sobre esas copias. 
Nos preguntamos: ÀquŽ preparan con ese material?, Àacaso centenares de 
casos del pasado no nos autorizan a imaginarnos lo peor?


D) ÀQuiŽnes somos y quŽ hacemos?

Nadie duda de que uno de los objetivos de toda acci—n represiva, arbitraria e 
ilegal, es causar un da–o en la imagen o reputaci—n de las personas o 
entidades afectadas. No es la primera vez que se trata de causar un da–o 
moral a nuestra Comisi—n. En ocasiones anteriores lo hicieron el diario El 
Tiempo, el diario La Prensa, el periodista Plinio Apuleyo Mendoza secundado 
por la cadena RCN, el General Harold Bedoya y el General Alvaro Valencia 
Tovar, en todas estas ocasiones como censura a denuncias que hicimos sobre 
cr’menes horrendos que involucraban a miembros o a unidades de las 
Fuerzas Armadas. Todos ellos esgrimieron la tesis, expl’cita o 
impl’citamente, de que si denunci‡bamos cr’menes de Estado era porque nos 
identific‡bamos con la subversi—n. El poder de todas estas personalidades y 
Medios sobre el manejo de la opini—n pœblica nos coloc— siempre en 
situaci—n de indefensi—n, pues siempre se negaron a rectificar y a reparar el 
da–o causado. 

No obstante la cadena de estigmatizaciones, nuestra identidad se mantiene 
inmodificable y debe reafirmarse cuando hechos como estos nos ponen en la 
mira de una "opini—n pœblica" casi siempre manipulada. 

La Comisi—n Intercongregacional de Justicia y Paz es un —rgano de la 
Conferencia de Religiosos de Colombia, creado en 1988. En su Consejo 
Directivo participan los Superiores y Superioras Mayores de 60 
Congregaciones Religiosas. Atiende cuatro grandes ‡reas de trabajo: la 
informaci—n y denuncia sobre cr’menes de lesa humanidad; la asistencia 
jur’dica a v’ctimas o familias de v’ctimas; la asistencia humanitaria, 
particularmente a grupos de desplazados; la educaci—n en derechos humanos. 
Entre los proyectos que desarrolla cabe destacar el PROYECTO NUNCA MAS, 
cuya administraci—n est‡ a su cargo pero cuya direcci—n es compartida con 
otras 14 organizacio-nes no gubernamentales de derechos humanos y 
sociales, contando con el apoyo y financiaci—n de entidades no 
gubernamentales de 8 pa’ses.

Este proyecto busca recuperar la memoria de los Cr’menes de Lesa 
Humanidad perpetrados en los œltimos 30 a–os, uniŽndose a un movimiento 
continental que busca los mismos objetivos en la mayor’a de los pa’ses de 
AmŽrica Latina. Sus fines se inscriben dentro de las recientes perspectivas 
de la Organizaci—n de las Naciones Unidas, de afirmar el derecho de los 
pueblos a salvaguardar la memoria de sus sufrimientos: 

* como condici—n ineludible para la conquista de la verdad, de la justicia y 
de la reparaci—n;

* como camino obligado para la erradicaci—n de la impunidad, 

* como mecanismo necesario, tanto para que los cr’menes no se repitan en 
el futuro, como para que la sociedad del futuro no quede atrapada en los 
efectos destructores de los cr’menes del pasado. 

Si bien nuestra Comisi—n ha denunciado desde su origen las violaciones al 
Derecho Internacional Humanitario cometidas por grupos insurgentes, est‡ 
convencida de que las violaciones de los derechos humanos por parte de 
agentes del Estado revisten una gravedad mucho mayor, dado que 
desnaturalizan la instancia que deber’a ser garante del respeto a esos 
derechos y destruyen la fuente originante de legitimaci—n del Estado de 
Derecho; por eso, en toda su trayectoria, nuestra Comisi—n le ha dado 
prioridad a este œltimo tipo de denuncias. 

Nuestra Comisi—n ha incorporado, desde su origen, el trabajo de los laicos, y 
mantiene relaciones con organizaciones nacionales e internacionales que 
buscan la promoci—n y defensa de los derechos de las personas y de los 
pueblos, sin restricciones de ideolog’as o credos. Su fuente de inspiraci—n, 
sin embargo, as’ como sus criterios fundamentales de acci—n y de 
interpelaci—n permanente, los extrae del Evangelio y de la tradici—n 
cristiana. Recoge en su dinamismo y en su horizonte de inspiraciones, los 
carismas de numerosos fundadores y fundadoras de congregaciones 
religiosas que hicieron del pobre, del oprimido y de la v’ctima del poder, as’ 
como de la bœsqueda de la verdad, de la justicia y de la solidaridad, el 
centro y el criterio rector de su acci—n apost—lica, proyectando as’ en sus 
vidas y en las de sus familias religiosas la veta que consideraron m‡s 
sagrada y fecunda del Evangelio.


E) Consecuencias previsibles de estos atropellos 

Al evaluar lo ocurrido y al pensar en sus efectos y consecuencias hacia el 
futuro, nos asaltan preocupaciones y dolores muy hondos: 

La violaci—n de los archivos magnŽticos del NUNCA MAS y su filmaci—n, hoy 
en manos de las fuerzas militares, cuya responsabilidad en numeros’simos 
de esos casos nadie ignora, nos duele profundamente. Gran parte de esa 
informaci—n nos fue confiada por familias y personas ps’quica y moralmente 
destruidas por esos cr’menes y presas del terror. Lo hicieron porque 
confiaron en nosotros, en nuestros valores y en nuestros principios, y 
porque creyeron que en nuestras manos esa informaci—n ser’a manejada con 
cautela, sin ponerlos de nuevo a ellos en alto riesgo. 

La violencia ejercida, absolutamente contra la ley, toc—, pues, la zona m‡s 
sagrada de nuestra relaci—n con las v’ctimas: la confidencialidad. Ninguna 
imagen m‡s patŽtica podr’a revelar lo que hoy sentimos como la de la 
violaci—n carnal, cuando la fuerza bruta rompe y pisotea el santuario 
sagrado de la intimidad, donde se elaboran y despliegan los m‡s delicados 
dinamismos de lo humano que bordean el misterio de la vida. 

Pero tal golpe brutal a la confidencialidad nos lleva a preguntarnos: Àc—mo 
puede una organizaci—n dedicada a la salvaguarda de los derechos humanos 
m‡s fundamentales cumplir su tarea, sin que el principio de la 
confidencialidad sea respetado? , Àc—mo es posible que los mismos 
victimarios tengan atribuciones para apoderarse de la informaci—n aportada 
por las v’ctimas, amparados en el simulacro de una "diligencia judicial" y 
encubiertos por una instituci—n supuestamente gestora de "justicia"? 

Esto nos revela la profundidad del abismo en que nuestro pa’s se encuentra, 
donde no se dan siquiera las condiciones y garant’as m‡s elementales para 
ejercer el DERECHO A DEFENDER LOS DERECHOS. 

Nuestras preocupaciones se dirigen tambiŽn a la seguridad de quienes fueron 
filmados e intimidados y de quienes continœan trabajando en el proyecto 
NUNCA MAS. ÀAcaso no es consciente el pa’s entero de las estrechas 
relaciones existentes entre las Fuerzas Armadas y los grupos 
paramilitares? ÀAcaso la estrategia paramilitar no mira justamente a 
garantizar la circulaci—n de informaci—n entre militares y paramilitares, 
para que Žstos ejecuten lo que aquellos no pueden sin ilegitimar 
profundamente al Estado? 

Nos preguntamos tambiŽn quŽ objetivo puede tener el elaborar una maqueta 
f’lmica de un inmueble. ÀPara quŽ otra finalidad puede servir, si no es para 
preparar asaltos o atentados?

Nos preguntamos si la Fiscal’a tendr’a consciencia de lo que estaba 
haciendo. ÀC—mo podr‡ ahora reparar los da–os causados y evitar que los 
temidos efectos se lleven a cabo? Es su responsabilidad que ahora no puede 
eludir.

El pa’s y el mundo sabr‡n que cualquier efecto nefasto de esta irresponsable 
e ileg’tima acci—n, ya sobre las familias de las v’ctimas que aportaron 
informaci—n, ya sobre los operarios del NUNCA MAS, ya sobre los miembros 
de las dem‡s organizaciones vinculadas a este proyecto, ya sobre quienes 
fueron filmados en los exteriores de la sede, ya sobre la sede misma, tienen 
responsables concretos: las Fuerzas Militares y la Fiscal’a. 

Dios y la Historia se lo demandar‡n.



P. Javier Giraldo M., S.J.
Hna. Isabel GutiŽrrez S.A.C.
Hna. Libia Duque A.C.I.
P. Carlos Julio Rozo C.M.F.
P. Ulrich Kollwitz S.V.D.
Hna, Nohemy Palencia O.P.

Santafé de Bogotá, mayo 18 de 1998.

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